PARÍS (EUROLATINNEWS) - En el majestuoso marco de la UNESCO, institución líder para el diálogo entre civilizaciones, se presentó la edición 2025 de BIENALSUR, la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur.
El acto contó con la presencia de sus visionarios fundadores, Aníbal Jozami y Diana Wechsler, y su embajador, Michelangelo Pistoletto, figura emblemática del arte políticamente comprometido y nominado al Premio Nobel de la Paz.
Al celebrar BIENALSUR su décimo aniversario, su influencia se ha consolidado como una fuerza sutil y decididamente transformadora en el panorama global del arte contemporáneo. Nacida en el Sur, esta singular bienal se ha consolidado no solo como una plataforma artística, sino también como un proyecto político, humanista y profundamente ético. En la UNESCO, reafirmó con fuerza su vocación: hacer del arte un lenguaje universal, una herramienta para el diálogo y la reparación en las zonas fracturadas del mundo.
Una bienal nacida del Sur para pensar el mundo de otra manera.
En 2015, en un contexto de agitación geopolítica, migración masiva y divisiones sociales, nació en Argentina un proyecto que contrastaba con los grandes eventos artísticos tradicionales: BIENALSUR, liderado por el académico, coleccionista y mecenas Aníbal Jozami, rector de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), y Diana Wechsler, historiadora del arte y directora artística de la bienal y con el apoyo de la Fundación Foro del Sur.
A diferencia de las grandes ferias y bienales centralizadas en un solo territorio, BIENALSUR se construyó como una red polifónica, horizontal y desterritorializada, que abarca desde El Cairo a Riad, de Dakar a Tokio, de Medellín a París, ofrece obras in situ, diálogos interculturales y experiencias colaborativas, centrando las voces, a menudo marginadas, del arte contemporáneo del Sur Global.
Con una geografía en constante expansión, BIENALSUR abarca 19.640 kilómetros en los cinco continentes. Presente en 140 sedes de 78 ciudades, la bienal da visibilidad al trabajo de más de 400 artistas que abordan algunos de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo: crisis ambientales, derechos humanos, migración, memoria, inteligencia artificial y futuros posibles.
"Queríamos crear una bienal que no fuera un reflejo del Norte Global, sino una alternativa real", reitera Aníbal Jozami durante su discurso en la UNESCO. "Bienalsur no es una vitrina; es un enfoque crítico y solidario, un proyecto de escucha, presencia y transformación".
“Nuestro objetivo es claro: llegar al público dondequiera que esté. Creemos que el arte es un vehículo de reflexión, transformación y emancipación. Al presentarse como una experiencia compartida, ayuda a reafirmar el papel de las personas como ciudadanos activos, en lugar de consumidores pasivos de cultura. Por eso, seguimos desarrollando esta plataforma abierta a la experimentación, el debate y la construcción colectiva de un humanismo contemporáneo", acota.
Michelangelo Pistoletto, Conciencia del Mundo
El invitado de honor era Michelangelo Pistoletto, pionero del Arte Povera, filósofo del arte comprometido y embajador de Bienalsur desde 2021. A sus 91 años, el artista italiano no ha perdido ni un ápice de su fervor visionario. Ante representantes culturales de todo el mundo reunidos en la Salle des Pas Perdus de la UNESCO, reiteró su profunda convicción: "El arte debe emerger de los museos y formar parte de la vida cotidiana. Debe ser un vehículo de transformación social". A través de su emblemático proyecto Tercer Paraíso, Pistoletto ofrece una visión de un futuro reconciliado entre naturaleza y artificio, tradición y modernidad, en un poderoso símbolo compuesto por tres círculos entrelazados, que se ha convertido en el icono de numerosos proyectos educativos y participativos en todo el mundo.
"El arte señala el rumbo que debe tomar el mundo. Esta iniciativa se basa en esa convicción. El arte, la religión, la política y la ciencia deben caminar juntos para lograr la paz.", subraya.
En BIENALSUR, este símbolo se concretó mediante talleres en zonas de conflicto o tensión: en Líbano, Siria, en barrios populares de Buenos Aires e incluso en Gaza, donde niños y artistas han tendido puentes de libre expresión y reconstrucción simbólica en espacios precarios.
"El Tercer Paraíso es paz activa, dignidad restaurada a través del arte", indica Pistoletto tras la presentación. "Y Bienalsur es hoy el barco mundial capaz de transportar esta visión".
Una edición 2025 centrada en zonas fracturadas
La edición 2025 de BIENALSUR se centra en territorios en tensión: fronteras, campos de refugiados, zonas de posconflicto, pero también márgenes urbanos, poblaciones indígenas e historias olvidadas.
La edición 2025 se lanzará el 26 de junio en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) y el Museo del Banco de la República. Posteriormente, desde Colombia, se trasladará a otras sedes clave, como el Instituto Cervantes de Shanghái.
Canadá, Hungría, Mozambique, Noruega, Panamá, Polonia, Sudáfrica y Timor Oriental se encuentran entre los países que se han unido recientemente a la iniciativa.
La red también se está expandiendo en países que ya forman parte de la comunidad BIENALSUR. En Italia, por ejemplo, Milán, Bolonia, Nápoles y Biella se han unido al proyecto. En Biella, sede de Cittadellarte Onlus, fundada por Michelangelo Pistoletto, se presentará un programa de residencias y una exposición. En España, las nuevas sedes incluyen Irún, Santiago de Compostela y Cádiz, en el Centro Cultural Unicaja.
Numerosas instituciones públicas y privadas de todo el mundo siguen formando parte de la comunidad BIENALSUR, como el Museo Reina Sofía de Madrid y Les Abattoirs, Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Toulouse, Francia.
Entre los proyectos anteriores destacan :
- Una instalación inmersiva en la frontera colombo-venezolana, que evoca las historias de los viajes de los migrantes a través de esculturas sonoras.
- Una serie de performances colaborativas entre artistas ucranianos, palestinos y argentinos en Marsella, centrada en la memoria del desarraigo.
- Un proyecto fotográfico de artistas afganas en el exilio, presentado simultáneamente en Kabul, París y Buenos Aires.
- Una escultura monumental de Michelangelo Pistoletto en la ciudad de Salta (Argentina), construida con materiales reciclados y testimonios de habitantes andinos, que simboliza la reconstrucción comunitaria.
La UNESCO, un socio natural para esta bienal
La elección de presentar la BIENALSUR en la UNESCO no fue casual. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, cuyo mandato es promover la paz a través de la cultura, la educación y el diálogo, comparte valores fundamentales con la bienal.
En un discurso virtual, Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, elogió el "valiente y ejemplar compromiso de Bienalsur para hacer del arte un motor de paz, memoria y diálogo en lugares del mundo donde estos valores son más frágiles".
En esta ocasión, resaltó el fortalecimiento de la colaboración institucional entre la UNESCO y Bienalsur, con la creación de un programa conjunto de residencias artísticas en entornos frágiles, diseñado para apoyar a creadores en contextos posconflicto o que experimentan una gran inseguridad cultural.
10 años de un proyecto que se ha convertido en un movimiento global
Desde 2015, BIENALSUR ha unido a más de 400 artistas, pensadores, investigadores, activistas e instituciones en torno a un objetivo común: crear una narrativa diferente del mundo a través del arte. Ya no es solo una bienal: es un movimiento global descentralizado, donde las iniciativas surgen desde la base, escuchando a las comunidades.
Diana Wechsler, co-directora artística de la Bienal, enfatizó esta metodología horizontal que es el ADN del proyecto: "Son los artistas quienes nos guían. No venimos a imponer una narrativa. Construimos juntos, con personas, lugares e historias".
Enfatizando que cada edición se diseña a partir de una convocatoria abierta de proyectos, accesible incluso para creadores sin galerías ni recursos significativos. La inclusión es total, pero los estándares artísticos se mantienen altos. Lejos de la lógica comercial o las modas, Bienalsur aboga por una libertad creativa radical.
Un arte de conexión, dignidad y reparación
Lo que llama la atención del enfoque de BIENALSUR es su convicción en el poder restaurador del arte. Cada exposición, cada intervención, cada gesto se concibe como un acto de presencia, reconocimiento y cuidado.
En un mundo marcado por el conflicto, la migración, el ecocidio y la exclusión, BIENALSUR se pregunta: ¿cómo puede el arte crear conexión, escucha y reparación sin estetizar el dolor ni hablar en lugar del otro?
Esta es la pregunta que inspira los artistas como Leandro Erlich, Mona Hatoum, Kader Attia, Tania Bruguera y Ernesto Neto, quienes participan regularmente en la Bienal. Sus obras, a menudo participativas, encarnan un arte relacional, un arte de encuentro y convivencia, en la intersección de la ética, la ecología y la poética.
La paz como horizonte
Michelangelo Pistoletto, cuya nominación al Premio Nobel de la Paz se debatió con emoción, encarna lo que dicha bienal busca representar a escala global: un artista-transmisor, un pacificador, un constructor de mundos reconciliados.
El prolífico artista es un habitual invitado de la UNESCO, donde en una ocasión anterior y un momento de gracia, trazó con tiza su símbolo del Tercer Paraíso en el suelo del salón de la UNESCO, invitando a los participantes a caminar sobre él, descalzos, como promesa de respeto, paz y compromiso. Se hizo el silencio, y luego una emotiva ovación recibió este gesto simple y poderoso.
Un llamado poético a la acción
En un momento en que las bienales se multiplican, pero a veces pierden su alma, BIENALSUR nos recuerda que el arte puede (y debe) aún cambiar el mundo. Que no basta con mostrar, sino que debemos actuar, con, para y juntos.
Y quizás este sea el verdadero lujo de ésta bienal: ofrecer un respiro en un mundo saturado, un espacio de significado, cuidado y diálogo. Donde otros buscan lo espectacular, ella ofrece lo necesario. Donde algunos cierran fronteras, ella las cruza.
La edición 2025 se presenta, por lo tanto, no como un simple evento, sino como un manifiesto. Un manifiesto por un Sur que no sería una periferia, sino el origen de una forma diferente de pensar el mundo. Una forma de pensar circular, abierta y benévola. Una forma de pensar donde el arte, finalmente, redescubre su función esencial: tocar el alma, abrir corazones y tejer paz.
“Nuestro trabajo se basa en el deseo, la imaginación, la creatividad, la flexibilidad, la adaptabilidad y la diversidad. Nuestro objetivo es fomentar la reflexión en lugar de ofrecer soluciones.
El Sur no es un punto cardinal, es un punto de vista.” – puntualiza Diana Wechsler.
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