Arte:

Fundación Cartier:

Una nueva era para el arte en el corazón de París



Por Paola SANDOVAL, Corresponsal en Europa



PARÍS (EUROLATINNEWS) - Cuarenta años después de su creación, la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo inaugura su nueva sede en la céntrica Place Royale, a un paso del Louvre, la Comédie-Française, la Ópera Garnier y la Place Vendôme.

Un lugar tan prestigioso como simbólico: es aquí, en este triángulo dorado de la cultura, donde París parece reafirmar su estatus como capital mundial del arte y la audacia.

El evento, simplemente llamado "La Exposición General", reúne a más de cien artistas internacionales —grandes nombres y talentos emergentes de todos los ámbitos— para celebrar cuatro décadas de experimentación, diálogo y libertad creativa. Y en el centro de este proyecto monumental, un nombre resuena con una familiaridad casi afectuosa: Jean Nouvel, el arquitecto del edificio original en el Boulevard Raspail, quien regresa para asumir un desafío titánico y poético.

Con más de 8000 m2 de superficie y 6500 m2 de exposición, distribuidas en cinco plataformas móviles. Una obra colosal.



Jean Nouvel: El regreso de un maestro al encuentro con su obra


Es un regreso a sus raíces, pero también un relevo. En 1994, Jean Nouvel diseñó el emblemático edificio de la Fundación Cartier en el Boulevard Raspail, una caja de cristal translúcido rodeada de vegetación que se ha convertido en un icono de la transparencia y el diálogo entre la naturaleza y la arquitectura. Décadas después, regresa con la misma firmeza, pero con una visión transformada por el tiempo.

"Quería que la ciudad respirara", confesó Nouvel en la rueda de prensa,ĺ con una mirada pícara. "Aquí todo es densidad, prestigio, historia. Teníamos que encontrar la respiración, el espacio entre las piedras. En Raspail busqué la transparencia; aquí, la porosidad".

El reto era considerable: ¿cómo integrar un edificio contemporáneo en un conjunto patrimonial tan rico, rodeado de fachadas clásicas del siglo XVII, sin caer en la provocación ni en la sumisión estética? Nouvel relata, con humor, las noches de insomnio y los tensos intercambios con los arquitectos de los Bâtiments de France.

"Me dijeron que no podía mover ni una piedra", recuerda. "Así que hice que la luz se moviera".

Y eso fue exactamente lo que hizo. El nuevo edificio se presenta como una composición de planos espejados, vidrio pulido y acero oscuro, integrándose a la perfección en el espacio urbano. A veces, la fachada refleja la cúpula de la Ópera; otras, la cúpula del Louvre o el cambiante cielo parisino. De día, el edificio casi desaparece; de noche, se convierte en una linterna.

La Exposición General: Un Mundo en 100 Artistas


La exposición inaugural, sobriamente titulada "La Exposición General", rinde homenaje al espíritu fundador de la Fundación: el del encuentro, la curiosidad y la diversidad de lenguajes artísticos. Participan más de cien artistas de treinta países, que reúnen a pintores, escultores, artistas, cineastas, fotógrafos y pensadores.

Al entrar, los visitantes quedan cautivados por una instalación monumental de David Hammons: una lluvia de telas suspendidas que evoca tanto la fragilidad como la resiliencia de las identidades. Más adelante, una sala entera está dedicada a las creaciones de Tatsuo Miyajima, cuyos números luminosos cuentan el tiempo, como una respiración colectiva deñl mundo.

Las obras interactúan en un recorrido fluido, sin jerarquía ni cronología. Descubrimos los mundos de Annette Messager, Isaac Julien, Pascale Marthine Tayou, Jean-Michel Othoniel, Chéri Samba y Claudia Andujar, así como los de artistas emergentes descubiertos durante las residencias de la Fundación en todo el mundo.

Una sala especialmente conmovedora alberga archivos que recorren las legendarias exposiciones de los últimos cuarenta años: James Turrell, Jean-Michel Basquiat, Sarah Sze, Daido Moriyama, Ron Mueck... Cada imagen, cada póster, recuerda hasta qué punto la Fundación Cartier ha sido un laboratorio de vanguardia, un lugar donde la curiosidad siempre ha prevalecido sobre las tendencias.

"Nunca hemos buscado seguir el espíritu de los tiempos", afirma Chris Dercon, director general de la Fundación. "Hemos buscado inspirarlos".



Una joya entre la historia y la modernidad


La instalación en la Place Royale no es insignificante. Refleja el deseo de acercar el arte contemporáneo al corazón histórico de París. Ubicada a pocos metros del Louvre, dialoga con el pasado a la vez que lo cuestiona.

La arquitectura de Nouvel juega con las transparencias: a través de las grandes paredes de cristal, vislumbramos la vida del barrio, los transeúntes, los ciclistas y las fachadas antiguas. El arte ya no está confinado: respira con la ciudad, la refleja.

En el interior, la escenografía se diseñó para ser adaptable: plataformas modulares, pasarelas desmontables, espacios que pueden convertirse en escenario, cine o foro.

En el patio central, Nouvel diseñó un jardín colgante, un discreto homenaje a Lothar Baumgarten y al amor de la Fundación por la naturaleza. Árboles tropicales crecen junto a helechos de Madagascar y cactus mexicanos, un guiño a la diversidad de artistas que la Fundación ha apoyado. Al anochecer, la marquesina se ilumina con miles de fibras ópticas, como un cielo invertido.



Una inauguración bajo el signo de la celebración y el recuerdo


La noche inaugural reunió a más de 2000 invitados: artistas, arquitectos, coleccionistas, críticos y, por supuesto, numerosas figuras del mundo cultural y político. Entre los invitados se encontraban Agnès b., JR, Sophie Calle, François Pinault, Tilda Swinton, Carolina de Mónaco, Ryuichi Sakamoto Jr. y Cindy Sherman, todos ellos acudieron para celebrar esta nueva etapa.

El momento culminante de la velada fue, sin duda, el discurso de Jean Nouvel, pronunciado frente a la fachada iluminada. El silencio era casi religioso.

«La arquitectura», dijo, «es un diálogo con el tiempo». Este edificio no pretende imponer su presencia, sino recordarnos que cada época tiene su propia luz. La nuestra es una de compartir.

La Fundación pretendía que esa velada fuera más que una simple inauguración social: un gran concierto-espectáculo, concebido por Ryuichi Sakamoto antes de su fallecimiento y producido como homenaje póstumo, resonó en el patio interior, fusionando música electrónica y sonidos naturales grabados en la selva amazónica: un eco conmovedor de la lucha ambiental que la Fundación lleva décadas librando.



Una presencia estratégica en el corazón palpitante de París


El traslado a la Place Royale sitúa a la Fundación Cartier en el corazón de la escena cultural más vibrante de la capital. En tan solo unos pasos, los visitantes pueden viajar del Louvre a la Comédie-Française, de la Ópera Garnier a la Place Vendôme. Esta sinergia debería convertir a este barrio en el nuevo epicentro del arte contemporáneo parisino.

Los comercios de los alrededores ya están de enhorabuena: librerías, galerías y cafés redescubren una clientela curiosa, cosmopolita e intergeneracional. El Hôtel du Louvre ha estado completo desde el anuncio de su apertura. Las guías turísticas actualizan sus itinerarios y los influencers hablan de un "triángulo mágico de la creación".

"Es un equilibrio entre tradición e innovación", subraya el teniente de alcalde de Cultura de la Ciudad de París. "Nouvel ha conseguido situar a la Fundación Cartier en el centro histórico sin traicionar su espíritu". »

El efecto fue inmediato: en la primera semana, la asistencia superó los 30.000 visitantes. Las filas se hicieron más largas frente a las puertas de cristal, y en redes sociales, la etiqueta #FondationCartierPlaceRoyale se convirtió en tendencia cultural mundial.



Anécdotas de una obra extraordinaria


A Jean Nouvel, con su legendaria ironía, le gusta contar las historias tras bambalinas de la obra.Recuerda una reunión con los ingenieros civiles:

"Me dijeron que el terreno era inestable, que el subsuelo estaba plagado de tuberías, galerías técnicas e historia subterránea. Les respondí: perfecto, no construiremos sobre él, flotaremos sobre él".

Así nació la idea de los pilotes invisibles y los forjados suspendidos. Nouvel quería que el edificio no "impugnara peso" sobre la ciudad, sino que la tocara.

Otra anécdota: la cubierta central de cristal, de una finura casi surrealista, fue diseñada por un fabricante japonés de lentes ópticas. Filtra la luz natural según la hora del día y la estación, proyectando sombras móviles en las paredes, como una obra de arte viviente. Nouvel bromea:

"Siempre soñé con que mis edificios envejecerían mejor que yo. Este se adapta, respira".



Una Fundación Visionaria Desde 1984


Fundada en 1984 por Alain Dominique Perrin, la Fundación Cartier siempre ha encarnado una visión audaz del mecenazgo: un lugar donde las fronteras entre disciplinas se difuminan, donde la ciencia, la filosofía, la naturaleza y el arte se cruzan libremente. Desde sus inicios, ha acogido a figuras de vanguardia, desde el pintor César hasta el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, desde la música Patti Smith hasta la ecologista Vandana Shiva.

Con su traslado a la Place Royale, esta filosofía se expande. La Fundación aspira a convertirse en una plataforma abierta, un "foro para el pensamiento visual". Los nuevos espacios albergan una sala de proyección modular, un auditorio para el diálogo interdisciplinario, una librería de arte contemporáneo y una cafetería diseñada por la diseñadora Matali Crasset, que ofrece un menú orgánico y vegano inspirado en las exposiciones actuales.

"La idea es que cada visita sea una experiencia completa: estética, intelectual y sensorial", explica Chris Dercon, su Director General.

Un reto para el futuro


El nuevo edificio es también un modelo de innovación ecológica. Las fachadas de cristal utilizan un sistema fotovoltaico integrado, los jardines colgantes reciclan el agua de lluvia y la temperatura interior se autorregula gracias a la ventilación natural. Nouvel lo describe como un "edificio climáticamente civilizado".

Esta preocupación por la vida es la esencia del proyecto. Durante varios años, la Fundación ha estado comprometida con un programa integral sobre biodiversidad y pueblos indígenas. Uno de los espacios emblemáticos de la nueva estructura, titulado "La Sala de los Vivos", presenta colaboraciones entre artistas y científicos centradas en las relaciones entre humanos y no humanos, un tema tan arraigado en la esencia de Cartier.



Un imán para el mundo


Desde el anuncio de su apertura, la Fundación Cartier Place Royale ya ha atraído la atención internacional. El New York Times la describe como "el museo que está redefiniendo el centro de gravedad artístico de París". Las grandes capitales admiran este logro típicamente francés: combinar patrimonio y modernidad sin buscar nunca la salida fácil.

Incluso se rumorea sobre futuras colaboraciones con el Museo Metropolitano de Arte, la Tate Modern y el Museo Jumex de la Ciudad de México, para crear diálogos transcontinentales en torno a las exposiciones. París, una vez más, demuestra su capacidad para combinar patrimonio e invención.

Un soplo de futuro


Al salir de la Fundación Cartier en la Place Royale, uno se encuentra mirando hacia arriba. El cielo se refleja, fragmentado, en las fachadas, como si todo París se reflejara en esta nueva cara. No es un museo. Es un espejo.

Y esto es precisamente lo que la Fundación Cartier ha seguido ofreciendo durante cuarenta años: no una colección estática, sino una conversación continua con el mundo, con sus bellezas, sus dudas y sus metamorfosis.

Ahora, esta conversación tiene lugar en el corazón de la capital, entre el Louvre y la Ópera, en un espacio que promete ser el nuevo emblema de la vanguardia parisina. Place Royale: El arte contemporáneo ha encontrado su nuevo hogar. Y París, una vez más, su reflejo más vibrante.





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