PARÍS (EUROLATINNEWS) — La Casa del Océano de París abrió su salón principal revelando su majestuosa arquitectura de madera y piedra para entregar las Grandes Medallas Alberto I de Mónaco.
En este edificio histórico, en el corazón del quinto distrito parisino, el Instituto Océanográfico de Mónaco rinde homenaje cada año a quienes dedican su vida a comprender, proteger y compartir el conocimiento del océano.
Un ambiente solemne y apacible, los bancos se llenan de investigadores, diplomáticos, personas comprometidas, representantes de instituciones y jóvenes doctorandos de toda Europa. Los expertos del mundo del océano tienen mucho de celebrar.
Una cálida luz de majestuosos lampaderos magnifican los frescos marinos. Unos momentos después, S.A.R. El Príncipe Alberto II de Mónaco entra, saludando a los galardonados de este año con amabilidad y cercanía. Todos saben que aquí, más allá del protocolo principesco, se está gestando un momento fundamental: el reconocimiento a las mujeres y los hombres que iluminan el futuro del océano en un momento en que este se enfrenta a una crisis ecológica sin precedentes.
Un legado glorioso frente a un Océano amenazado
Creada en 1948, la Gran Medalla Alberto I es el galardón más prestigioso del Instituto Oceanográfico. Rinde homenaje a Alberto I de Mónaco, el "Príncipe Erudito", pionero de la oceanografía moderna, quien, desde principios del siglo XX, exploró los mares, embarcó científicos en su laboratorio flotante y legó a Francia y Mónaco las instituciones que aún hoy brillan en todo el mundo.
En 2025, esta tradición cobra una relevancia especial. El estado de los océanos es alarmante: contaminación por plásticos, creciente acidificación, sobrepesca, extinción de especies, agotamiento de recursos... Los expertos presentes no eluden ninguna realidad. Sin embargo, esta vez también destacamos la movilización, la innovación, las soluciones, los investigadores, los exploradores y los divulgadores científicos que están inventando la futura "economía azul", una que reconcilie a la humanidad con el mar.
Como nos recordó el Príncipe Alberto II en su discurso inaugural: «El océano no es solo un territorio por explorar; es la matriz de la vida. Los científicos presentes esta noche nos recuerdan que proteger el mar significa proteger a la humanidad misma».
Visión fortalecida de la ciencia y la comunicación científica
Esta edición reconoce a cuatro importantes ganadores de premios: dos en la categoría de Ciencias y dos en la de Comunicación Científica. Sus perfiles reflejan la diversidad de las batallas que se libran para salvar el océano: investigación fundamental, innovaciones disruptivas, expediciones extremas, participación ciudadana y divulgación.
Hervé Claustre – Laureado 2024, Sección de Ciencias
Oceanógrafo y biogeoquímico, Director de Investigación del CNRS, Hervé Claustre es pionero en la observación oceánica moderna. Es responsable de importantes avances en el desarrollo de sensores autónomos capaces de analizar continuamente la calidad del agua y la dinámica biológica de los océanos.
Su labor es ingente: influye en las políticas públicas, los modelos climáticos y la evaluación de la salud de los ecosistemas marinos. Cuando sube al escenario, el público se pone de pie espontáneamente. Su trayectoria es un referente mundial, y su humildad resulta aún más impactante.
Lynne Shannon – Galardonada 2025, Sección de Ciencias
Subdirectora del centro MARiS (Investigación Marina y Antártica para la Innovación y la Sostenibilidad), con sede en Sudáfrica, Lynne Shannon desarrolla enfoques concretos para integrar las dimensiones ecosistémicas en la gestión pesquera.
Su trabajo pionero y valiente en un contexto geopolítico y social complejo ha transformado la forma en que pescadores, gobiernos e investigadores conciben la sostenibilidad.
Su mensaje es contundente: «Debemos considerar el mar como un sistema vivo y complejo, con límites. La ciencia que producimos solo es valiosa si se aplica».
Nina Jensen – Galardonada 2024, Sección de Mediación
Figura destacada en la conservación marina, exdirectora ejecutiva de WWF Noruega y actual directora de REV Ocean, el buque de investigación y expedición más grande del mundo, Nina Jensen es reconocida por su decidida colaboración con líderes políticos y económicos.
Ella personifica a esta nueva generación de mediadores que traducen los datos científicos en decisiones responsables.
Frederik Paulsen – Laureado 2025, Sección de Mediación
Empresario, filántropo y explorador, Frederik Paulsen ha logrado varias hazañas extremas: explorar los ocho polos de la Tierra, bucear a más de 4200 metros de profundidad en el Ártico y circunnavegar la Antártida en dos ocasiones.
Fundador de la Fundación Albedo, miembro de The Ocean Elders y del Instituto Polar Suizo, dedica su riqueza, influencia y experiencia a la ciencia y la acción climática.
Su mensaje es profundo: «Explorar es documentar. Documentar es concienciar. Concienciar es actuar».
Galardones para la nueva Generación de Científicos
Junto con figuras internacionales de renombre, los Premios de Tesis Doctorales nos recuerdan que la ciencia también avanza gracias a los jóvenes investigadores, cuyo coraje y perseverancia forjan el futuro.
Charlène Guillaumot – Ganadora del Premio de Tesis 2024
Especialista en modelización ecológica, innova en el uso del aprendizaje automático aplicado a la dinámica de los ecosistemas marinos. Abre nuevas vías para anticipar las crisis ecológicas.
Nicolas Seon – Mención Especial 2025, Premio de Tesis Doctoral
Joven investigador en (paleo)biología y (paleo)ecología marina, estudia la foca de Ross como indicadora de las transformaciones antárticas. Su trabajo se entrelaza con la historia de la vida y la emergencia climática.
Uno de los momentos más emotivos de la noche: la entrega del premio al investigador mexicano José Luis García Corona, Premio de Tesis 2025, que realmente emocionó a la sala. Se nota que sus colegas le aprecian y ven ya en él un experto con grandes capacidades.
Biólogo marino especializado en el estudio de la acumulación de toxinas en invertebrados, en particular vieiras, José Luis García Corona se ha consolidado como una figura prometedora en la seguridad de los productos del mar.
Su trabajo ya tiene alcance internacional: es de interés para la industria, las autoridades sanitarias, las organizaciones de gestión pesquera e incluso los actores del comercio internacional.
Pero más allá de su trascendencia científica, su victoria resuena profundamente por otra razón: es mexicano y se convierte en el primer latinoamericano galardonado en recibir esta distinción en varios años.
Cuando se pronunció su nombre, una emoción palpable recorrió la sala. Varias miradas se volvieron hacia él: joven, erguido, visiblemente conmovido pero digno, orgulloso de representar a su país, consciente de que encarna mucho más que una carrera individual. Entre bastidores, confesó:
"Para un investigador latinoamericano, recibir un premio tan prestigioso en Francia, frente al Príncipe Alberto II de Mónaco, es más que un honor: es casi un sueño hecho realidad. A veces nos faltan recursos, reconocimiento y visibilidad. Hoy me siento visto. Me siento escuchado. Y quiero que todos los jóvenes científicos de mi país sepan que es posible".
Añadió, con conmovedora sinceridad:
"Ahora espero ser contratado en Europa, o en cualquier otro lugar, para continuar mi trabajo. Mi ambición es contribuir a la investigación internacional, desarrollar soluciones contra las toxinas marinas, para la salud humana y la preservación de los ecosistemas".
Su discurso durante la ceremonia también contó con una ovación. Entre el público, algunos investigadores europeos ya lo felicitaban. Su nombre se susurra. Su tímida sonrisa se percibe, su intensa pasión en su trabajo.Para todos es evidente que esta noche ha surgido un símbolo poderoso: la ciencia es global, y un joven investigador latinoamericano puede brillar junto a las más grandes instituciones europeas.
Su premio se convierte en una victoria colectiva, un orgullo para México, para América Latina y un mensaje inspirador para toda una generación.
Una ceremonia con promesas de futuro
La velada concluyó con un cóctel bajo los impresionantes techos abovedados de la Casa del Océano. Los galardonados se reunieron con periodistas, estudiantes y expertos internacionales. Las conversaciones abarcaron desde la protección polar hasta la modernización pesquera, incluyendo el futuro de la investigación colaborativa.
El tema central de los debates fue el mismo: ¿Cómo construir una economía azul sostenible, equitativa e innovadora?
Esta edición se enfatizó especialmente: la necesidad de integrar a la sociedad civil en la toma de decisiones ambientales; el papel crucial de las nuevas tecnologías de observación marina; el lugar de los países emergentes en la investigación oceanográfica; y la necesidad de fortalecer las carreras científicas internacionales.
Como resumió uno de los galardonados:
"El océano no tiene fronteras. La ciencia tampoco".
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