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Teatro:
ALBERT BOADELLA: “MI OFICIO ES TERAPÉUTICO"
Texto y Fotos de Jairo MÁXIMO
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MADRID (EUROLATINNEWS) - “Una de las cosas más bellas del teatro es que se muere mientras se representa”, señaló en entrevista exclusiva con EUROLATINNEWS el director de teatro, dramaturgo, actor y bufón Albert Boadella.
De niño fue monaguillo y soñaba con ser torero. En su adolescencia quiso ser diplomático, pero encontró el teatro. Ya en la madurez se transformó en “bufón general del Reino de España”, según aclara.
Además, incluso milita en una formación política.
Actualmente Albert Boadella (Barcelona, 1943) vive "autoexiliado" en Madrid por diferencias con la política independentista catalana, y es director artístico de los Teatros del Canal de la capital.
En esta entrevista exclusiva concedida en Madrid Boadella afirma que “el teatro es un arte que exalta los matices de la vida”.
¿Le apetece que hagamos un brindis a la libertad, y de paso, al medio siglo de existencia/resistencia de Els Joglars, la compañía teatral privada más longeva de Europa, de la cual es su fundador, director y alma máter?
- (risas) Bueno… La libertad ha sido siempre nuestro signo de identidad. Una práctica continua, compulsiva; y con contrapartidas, porque el poder no está siempre en el mismo sitio. Esto ha sido complicado. ¡Salud!
¿Sabe quién es?
- Para un hombre con una dimensión pública es complicado saber quién eres porque las versiones que uno irradia sobre el conjunto de los demás son versiones, a veces, contradictorias: alocado, bufón, insolidario, majo, provocador, etcétera. Y esto tiene una enorme influencia sobre uno mismo. En ciertos momentos me comporto como todas esas cosas que piensan de mí. Simplemente he tratado de sintetizar un poco todas. También hay momentos en que me gustaría desaparecer, que no me conociera nadie.
¿Cómo fue su infancia?
- Fantástica. Viví en un medio muy pobre porque mi padre era represaliado de la Guerra Civil, pero muy culto. Las bases de mi trabajo posterior en el mundo artístico están todas recogidas de la infancia. Pienso que si a un artista le cortáramos, digamos, la memoria infantil totalmente, nos encontraríamos con muy pocas posibilidades de mirar lo que es su entorno con unos ojos artísticamente eficaces.
¿Cómo encontró el teatro?
- Por azar. Vivía en Paris y quería estudiar la carrera de diplomacia. Mis padres no podían costearlo desde España. Entonces, como rebeldía dije: voy a hacer teatro. Sólo puedo pensar que esta actitud fue una actitud no frívola, sino, una actitud profunda. Si tengo que pensar en las cosas de mi infancia que fueron capaces de influirme para que me decidiera por el teatro, tantos años después, pienso, por ejemplo, en que mi padre me llevaba desde muy pequeño para ver las corridas de toros. Veía en los toros la vida, la muerte, la valentía, la astucia, la gracia, el miedo, la angustia. Todas las cosas de la vida estaban allí. Pasé muchos años queriendo ser torero. Después, hay otro hecho fundamental, que es que fui monaguillo. Me tocaba ayudar a las misas, las bodas, los entierros. Seguramente esto, ver a los espectadores seducidos por los toros, los feligreses por el cura, todos tan concentrados, despertó en mi el gusto por la
representación.
¿Qué es el teatro?
- Un arte que exalta los matices de la vida.
¿Por qué es director de teatro?
- Porque no tenía suficientes compensaciones en la actuación. Soy más voyeur que exhibicionista.
¿Tiene un proceso de creación?
- Hay un proceso fundamental que es que nunca escojo una obra que ya está escrita por otras personas. Siempre trabajo sobre lo que veo a mí alrededor, y esto me produce un caos emocional. Escribo una sinopsis, y después me voy con la compañía a ensayar. Y en la improvisación de colocar los personajes voy concluyendo el proyecto.
¿Teatro es alquimia?
- Sí. Hay parte importante de esto porque se produce un fenómeno muy curioso que es que cuando coloco a los actores en una situación, en seguida ellos entran en este proceso de concentración, y las cosas que hacen y dicen en esta improvisación, son imposibles de escribir antes. Es como si les colocaran dentro el personaje. Esto es un trabajo de auténtica alquimia.
¿Considera que su oficio es libertador?
- Sobretodo terapéutico. Es un oficio imprescindible que los ministerios de Sanidad deberían de tener como primera base para curar la sociedad porque consigue que el espectador se sienta realizado, excitado, en la mirada sobre el entorno, y a veces, cambiar como persona. Eso es científicamente comprobable porque en todas las tribus más primitivas, lo que era el ritual, el rito, teatro, era un elemento esencial y sanitario para el equilibrio de la propia tribu.
¿Qué pretende con su teatro?
- Buscar la verdad que está detrás de la apariencia. La mirada del artista es una mirada cuya acción es desvelar. Somos los especialistas en poner la luz sobre cosas que normalmente no se ve y que están oscurecidas o muy tamizadas por la propia existencia.
¿Cómo convive con la crítica especializada?
- He tenido muchas críticas negativas y positivas a mi teatro. Pero con el tiempo he visto como se han ido equivocando. Además, no trabajo para el crítico. Su mirada siempre es una mirada sectorial, sola. El crítico no es un espectador.
¿Qué representa para la historia del teatro español Els Joglars?
- Una actitud independiente en una época en que el teatro ha estado muy cercano al mundo de la administración pública, del poder de los gobiernos. Hemos estado siempre a un lado y a otro, pero no hemos sido nunca una compañía protegida o querida por los estamentos oficiales.
¡Qué maravilla!
- (risas) Y eso nos ha dado una mirada libre, sin necesidad de ser condescendientes con ciertos sectores del poder. Hemos representado lo que nosotros pensábamos del mundo, de la sociedad, de España, de los fascistas, de los progresistas, de todos los que nos han rodeado, porque al trabajar sobre nuestras propias obras hemos representado nuestra propia mirada. Hemos sido un teatro comprometido con lo que representábamos. Y hemos podido practicar la libertad, porque la libertad quien nos la ha dado es el público, que es quien nos ha aportado los medios para vivir. No fue el Ministerio de Cultura ni la Generalitad de Cataluña, todas esas cosas.
¿Cree que en el futuro los historiadores se percataran de eso?
- Es muy posible que nuestra memoria quede diluida. Sólo se sostienen en la historia aquellas cosas que han tenido una importante posición frente a las cosas oficiales. Nosotros pasaremos como un teatro marginal.
¿El artista nace o se hace?
- (silencio). Hay una parte que nace. La parte que nace es el sentido del tiempo, que es la esencia de todas las artes. Un artista que no tiene sentido del tiempo, del ritmo, pierde prácticamente su mayor eficacia. Siempre he observado que un actor que no tiene este efecto natural, ya puede estudiar, trabajar, puede incluso ser un buen actor, pero nunca será un gran actor.
¿Cómo convive con el Otro?
- Ahora convivo difícilmente porque convivo muy poco. Además, con el pasar de los años, tengo menos relaciones con las personas. El primero por un efecto puramente circunstancial que ha sido mi separación de la propia Comunidad en la que había nacido, que es Cataluña, donde soy considerado un traidor a la esencias nacionalistas. Se han cortado todas mis raíces con Cataluña; de amigos, del mundo profesional, etcétera.
En fin, ¿de su espacio físico?
- Si. He tenido que buscar un espacio físico distinto, que es un espacio físico en Madrid, pero claro, este no es el espacio de mi infancia, pero aquí no soy un extranjero, porque Madrid es España, pero soy un hombre casi exiliado aquí. Una cosa es cortar cuando tienes 20 años; otra muy distinta es cortar cuando tienes 66 años.
¿Tiene miedo del artista que lleva dentro?
- Si, porque siempre uno tiene que aplicar una protección a la propia intimidad, porque si tú te desnudas totalmente te conviertes en algo vulnerable que será destrozado. Por eso se dice que nuestro oficio es un oficio de pícaros: decimos lo que pensamos pero siempre guardamos una parte de protección.
¿Cuál es el legado que cree que dejará para la historia de la dramaturgia contemporánea española?
- Lo que tenía que dejar ya lo he dejado, de mi trabajo y del trabajo de Els Joglars. Los hombres del teatro tienen que hacer el teatro que tienen a su alrededor. Después se acabó. Una de las cosas más impresionantes, más bellas del teatro, para mi, es que el teatro se muere mientras se representa. Cuando se acaba la función se ha muerto, porque mañana sí se vuelve a repetir la función, pero hay grandes diferencias, el público es distinto. Ya no es la misma obra; es otra cosa. Se parece; pero no es.
¿Cómo ve el Gobierno de Zapatero?
- Sectario y obcecado por prevalecer en el poder. No han conseguido algo muy importante que era seducir a todo el conjunto del país. Han conseguido obtener una gran audiencia porque han repartido prebendas, han ido repartiendo cosas, facilidades a la clase artística, a los intelectuales, a los medios de comunicación, a todos. Creo que es un momento de los peores que hemos pasado desde la muerte de Franco.
¿Feliz por dirigir los Teatros del Canal de la Comunidad Madrid?
- Feliz durante un tiempo porque voy a dirigirlo por poco tiempo. Aquí nadie me dice nada de lo que tengo que hacer. Cuando este teatro esté enfocado con una dinámica propia entonces me marcharé. Estoy menos libre trabajando con Els Joglars que trabajando aquí. La vida tiene estas paradojas…
¿Le gustaría hablar de algo que no hayamos hablado?
- (risas) Bueno… Fíjate, hay una cosa muy curiosa, que es como cambio en mi vida artística, y personal. Y cada cambio tuvo contrapartidas. En la dictadura me enfrento con la censura. Después me enfrento a los restos del franquismo, que todavía pervivía durante los principios de la democracia.
A continuación me enfrento a mi propia tribu, los catalanes, cuando empiezan con los delirios separatistas y nacionalistas, y me declaran traidor. Y en los últimos tiempos me enfrento a mi generación, la de los progres, porque considero que se han vuelto como una secta religiosa. Se creen en posesión de la verdad y se han vuelto enormemente intolerantes. Entonces, el público se hace notar. Me abandona una parte del público. Es decir, el público me cambia.
Cada época, diríamos, me produce unas contrapartidas.
¿No es curioso?
(EUROLATINNEWS)
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