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Sociedad:
LA CRISIS Y EL “BOOM” DE LOS SHOWROOMS
Por Paola Sandoval , Corresponsal en ESPAÑA
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PALMA DE MALLORCA, España (EUROLATINNEWS) – La coyuntura económica actual ha creado un mercado paralelo en el mundo de la moda y debido a la crisis mundial derrochar ya no es lo más ‘in’, y lo ostentoso ya no lo llevan ni los multimillonarios, ni los aristócratas o las propias “celebrities”: así lo confirman los expertos del sector.
Lo último de esta “moda” europea adaptada a la situación de crisis, es ir de compras a un “showroom”, donde el cliente descubre el placer de comprar verdaderas gangas, como por ejemplo, un vestido de seda por unos 40 euros en lugar de los 4000 euros que debería pagar en tiendas del lujo de Paris, Madrid, Londres, Milán o Nueva York.
Este sistema ya se usaba tímidamente antes de la crisis en algunas capitales latinoamericanas como México D.F., Buenos Aires o Santiago de Chile, aunque la diferencia de precios no llegaban a tal magnitud.
Ahora que la crisis ataca todos los bolsillo y prepara a vendedores y clientes a un nuevo estilo comercial, ya no es ético el despilfarro ni para los más acaudalados.
"Es mucho más divertido ir a un showroom y encontrar una prenda que cumpla con los cánones de la temporada, que esté bien hecha y con un buen tejido. Las hay, como en nuestra tienda, donde tenemos una selección de prendas de todas las tallas y para cualquier edad, tanto para hombre como para mujer", señala a EUROLATINNEWS Berit Kollhed, durante la inauguración de su showroom ‘Rosemarine’, en Palma de Mallorca.
"Es decir, prendas prêt- à- porter, vestidos para fiestas, gadgets divertidos, trajes para caballero, los complementos son los que al final resaltan el look", precisa Kollhed enfundada en un sedoso vestido hindú rosa chicle, una correa y unas botas de cuero marrón claro y joyas discretas, recordando que "el lujo ya no es exhibicionismo".
Estilo minimalista que resaltaba, la noche de esta inauguración, en los estilizados cuerpos de la princesa Birgitta de Suecia o del multimillonario alemán Matthias Kühn, ambos muy discretos, la primera con un traje chaqueta negro y el segundo con un pantalón de vestir camel y una chaqueta de cuero marrón.
Según precisan los expertos, “lo mismo ocurre con los productos de alta gama. Con la crisis, ya no está de moda que las grandes firmas, como Chanel o Gucci, muestren los logotipos. Que algo te cueste dinero o no es irrelevante". Así lo reflejan recientemente diversas publicaciones especializadas de Europa.
“Aún la línea editorial de ahora es alternar piezas de grandes diseñadores con cosas vintage o de segunda mano, bastante más asequibles" subrayan.
Al parecer, en el sector de la moda se ha impuesto una cierta racionalidad y un buen sentido común que incitan al consumidor a ser más responsable con lo que adquiere. Pero no es un fenómeno tan reciente. Lo que ha hecho la coyuntura de ahora es darle visibilidad, hacer que esta tendencia se convierta casi en una moda.
El concepto original de ‘showroom’ si bien nace a inicios del siglo XX, se aprecia al final de 1960 cuando en Nueva York, el distrito de la moda de la 7ª avenida fue creciendo como el núcleo y se convirtió en la dirección donde llegaban los distribuidores de moda para elegir las colecciones que se verían en sus tiendas; convirtiéndose así en un espacio de exhibición y desarrollo de negocios a mayores escalas, donde en un espacio “showroom” no se exhibía sólo un diseñador, sino un conjunto o un representante que maneja varias marcas simultáneamente.
Este tipo de ventas, de comerciante a comerciante, o más bien de diseñador a distribuidor, se hizo habitual también en Paris, Madrid, Londres y Milán.
Hoy la evolución del concepto trae nuevos géneros entre los ya existentes. Un siglo después, vemos que se convirtió de una venta de un solo modista, a una de varios diseñadores en un espacio al mayorista, que se está acogiendo a nuevas formas y principalmente nuevos mercados.
Pero, el sistema se populariza en este siglo XXI y quiebra las fronteras del dinero para exponer prendas de gran calidad a precios “terrenales”. En la actualidad, el comprar ropa más económica no sólo lo hacen personas en una situación precaria. Hombres y mujeres que solían gastarse cifras desorbitantes en su vestuario ya no lo hacen porque no les parece ético.
Al ver la cantidad de gente que se está quedando sin trabajo y los suicidios de ciertos empresarios, les parece muy poco moral hacer eso, y le da otro valor al dinero, “protegiéndolo” mejor.
Comentan los expertos que “el perfil de este nuevo consumidor es el de una persona de 25 a 50 años, urbana, familiarizada con las nuevas tecnologías y que busca la calidad sin tener que pagar por ella un precio desmesurado”.
En esta tendencia “hay un grupo importante de hombres”, añaden.
Los famosos no están al margen, pues en diversos actos con alfombra roja vemos a celebridades o a miembros de la aristocracia vestidos con jeans vaqueros o, igual alternan un bolso Chanel con un vestido bonito adquirido en un “showroom”.
Arreglarse ya no quiere decir ponerse un vestido despampanante de Dior. Prima la sencillez, y casi el dime de qué presumes y te diré de qué careces.
La moda se adapta a la crisis en el aspecto económico pero, de alguna manera, también se adapta a lo estético. Se recupera la moda del año 29, cuando sobrevino la Gran Depresión: el estilo de los años treinta, con los vestidos saco y los flecos estilo vagabundo-chic.
Así, vuelven, de forma ‘casi solidaria’ en los “showrooms” como en los de ‘Rosemarine’, ubicado en la Plaza La Lonja de Palma de Mallorca, estilismos de sombreros de paja, vestidos vaporosos, trajes discretos de caballero, lo “vintage” y los bolsos en “patchwork”, pero sin descuidar lo sofisticado ni la estupenda relación calidad-precio.
La crisis mundial abre nuevos rumbos a la moda de calidad.
(EUROLATINNEWS)
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