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Sociedad:
LA MAGISTRAL PLUMA DE UN GRAN MAESTRO DEJO DE ESCRIBIR
Por Jairo MÁXIMO
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MADRID (EUROLATINNEWS) - Una de las plumas más brillantes dejó de escribir, la magistral pluma de Ryszard Kapuscinski, u0no de los grandes maestros del periodismo contemporáneo, que murió dejando como herencia una obra deslumbrante.
El "mejor reportero del siglo XX", dejó dicho y escrito que "el periodista es un cazador furtivo".
Con ese pensamiento fue enviado al más allá.
Fue una voz de los sin voz. Un fanático del fútbol. Amante de la bebida, católico, apostólico y romano. Así en la tierra como en el cielo.
Ryszard Kapuscinski (1932-2007), reportero, historiador y escritor, nació en Pinsk (ciudad de frontera cultural, antes Polonia y ahora Bielorrusia), en el seno de una familia humilde. Murió en enero en Varsovia, dejando una nota universal de infinita tristeza.
“No hago diferencia entre periodista, escritor y reportero. En mi caso las tres cosas se funden en una sola”. (…) Escribo de lo “viajado”. No soy un “inventor”. No hablo de mundos imaginarios ni tampoco de mi propio. Describo el mundo real, el que está ahí, tal como lo he visto”, afirmaba.
Procedente de una “extraña comunidad de Polesia”, decía pertenecer, por tanto, “a la estirpe de los desarraigados”. Su Pinsk natal fue el punto de partida para su largo peregrinaje.
“Ya de niño me tocó desplazarme de un lugar a otro. Durante toda la guerra, no paramos de huir: ya abandonando Pinsk para pasar al lado alemán, ya escapándonos de los alemanes. Empecé a deambular por el mundo a los siete años, y aún sigo, hasta hoy”, explicaba.
En los últimos tiempos podíamos encontrarlo en las páginas de los diarios "Le Monde", "El País", "Frankfurter Algemeine Zeitung", "The New York Times" o en la revista "Time" y en otras publicaciones.
“En todos y cada uno de mis textos he intentado descubrir, captar y reflejar el quid, la esencia del acontecimiento, del fenómeno o de la realidad que describo. Cuando uno opta por describir la realidad, su escritura influye sobre esa realidad. El detalle me sirve como punto de partida para una reflexión generalizadora. El reportaje es una forma de expresión y el periodismo una acto de creación”, teorizaba Kapuscinski.
Era políglota y siempre iba "armado" con blocs de notas, bolígrafos y cámara de fotos; pero nunca con una grabadora.
“Me encanta hacer fotografías . He hecho muchísimas a lo largo de mi vida, cosa que me ha permitido organizar no pocas exposiciones, pero nunca grabo nada en cinta magnetofónica. Recoger material para mí significa, sobre todo, llegar a la gente”, señalaba.
Para lograrlo, explicaba, "siempre intento crear situaciones en las que mi presencia no se note y mis interlocutores se muestren lo más naturales posible. Por eso me resulta tan importante el oído. No sólo la vista, sino también, tal vez incluso en primer lugar, el oído. No sólo lo que dice la gente sino como lo dice”.
Ryszard (Ricardo, en castellano) Kapuscinski decía que cuando leyó el primer libro tenía más de 12 años.
“A mis doce años vivía en una aldea cerca de Varsovia. ¿Qué hacen los niños en un lugar así? Apacientan las vacas. Además, durante la guerra -cosa que ahora pocas veces se recuerda- los polacos tenían prohibida la educación. Sólo cuando en 1945 nos trasladamos a Varsovia, fui a la escuela y empecé a leer”, recordaba.
A pesar de todos los obstáculos, empezó a escribir como poeta.
“Cuando estaba todavía en el colegio publiqué algunas poesías. Terminé la escuela a los dieciséis años y al día siguiente empecé a trabajar como periodista. Desde el primer momento descubrí lo fascinante que es esta profesión. Acabábamos de salir de la II Guerra Mundial. Europa estaba destruida, muchos refugiados vagaban de un país a otro, entre la pobreza y las ruinas. Puede parecer patético, pero fue entonces cuando se desarrolló en mí la pasión por describir nuestra pobre existencia humana”, confesaba.
El primer par de zapatos decente que tuvo fue en la adolescencia.
“Cuando veo a niños o jóvenes que van descalzos, sé lo que significa no tener zapatos pues yo también fui descalzo”.
Su pasión futbolística venía de lejos.
“En el colegio no me fascinaba sino una sola cosa: el fútbol. Yo hacía de portero en el equipo de mi escuela. Pasaba días enteros en el césped del campo. Aquello era un arrebato, un delirio, mi vocación más apasionada. Veo fútbol desde hace setenta años, cuando y donde puedo, y a decir la verdad, sólo gracias a él hay un televisor en casa”, decía casi con orgullo.
Kapuscinski procuraba vivir de la misma manera que las personas que presenta en sus textos.
“Hay periodistas -yo soy uno de ellos- que viajan e intentan vivir de la misma manera que las personas que luego describen. Otros colegas parten de viaje como si fuesen en misión diplomática”.
Acreditaba que la realidad se presenta de muchas maneras y que la habilidad y la rutina, en la hora de descifrarlas hacen parte de las reglas que rigen este oficio.
“Cuando veo que tanta gente no tiene nada que meter en el puchero acude a mi memoria los tiempos en que pasaba hambre; contemplo las condiciones espantosas en que viven y recuerdo mis propias experiencias”.
Este maestro esencial del periodismo estudió Historia en la Universidad de Varsovia. Entre los años 1959 y 1981 trabajó como corresponsal de la Agencia Polaca de Prensa. Durante su vida cubrió, como se dice en jerga periodístrica, 27 revoluciones en 12 países de África, Asia y América Latina, y otras 12 guerras.
Fue cuatro veces condenado a ser fusilado.
“Los buenos reporteros -no sólo lo creo yo, pues la experiencia y la historia lo avalan- son personas modestas, respetuosas con el otro y capaces de mostrar esta actitud en todo momento. Ser reportero significa antes que nada respetar a otro ser humano con su propia privacidad, personalidad y escala de valores”.
Era de la opinión de que toda guerra es absurda, “salvo, acaso, la guerra defensiva”.
Constató que había visto tantas cosa terribles que se oponía por principios a la guerra.
“En la guerra nunca hay vencidos ni vencedores. En la guerra pierden todos. La guerra es la prueba de la debilidad que existe en el hombre y en la sociedad”, decía convencido en el indiscutible valor de la paz.
Aparte de sus cientos de reportajes, escribió 21 libros, todos deslumbrantes, de los que se han vendido más de un millón de ejemplares y que han sido traducidos a treinta idiomas.
Entre sus obras destacan "El Sha", que narra el derrocamiento del régimen del iraní Reza Phalevi; "Ébano", un amplio reportaje sobre el continente africano; "Los cínicos no sirven para este oficio", libro basado en conversaciones sobre los entresijos del oficio del periodista y en el mundo actual de los medios de comunicación; "Los cinco sentidos del periodista" (estar, ver, oír, compartir, pensar) y los magníficos "Lapidarium" I, II, III, IV y V, que según el autor, encajan en la “poética del fragmento“.
Para sus lectores y para el propio autor su obra maestra es "Un día más con vida", el más personal y literario de sus libros, aunque todos lo son. En el narra el sufrimiento del pueblo en la guerra de Angola. Soldados, civiles y el reportero protagonizan el libro.
“Así es: escribo sobre la guerra y sueño con la paz. Si mis libros están inacabados es porque, entre otras razones, siempre se han interpuesto en su camino las muchas revueltas africanas. (…) Necesito experiencias e impresiones fuertes para escribir un reportaje”, sostenía.
En cada un de sus libros -con una prosa característica donde se mezclan géneros que van desde las formas tradicionales del reportaje, ensayo hasta la poesía y aforismo- Kapuscinski se preocupó en particular en destacar un Tercer Mundo independiente frente a las grandes potencias y en analizar los entresijos de la globalización, tanto en el terreno de la política como en la cultura y los medios de comunicación.
Siempre que podía concedía entrevistas, impartía conferencias y ofrecía talleres para periodistas en Europa y América Latina.
“El periodismo, en mi opinión, se cuenta entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de los otros, no existimos. La condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro: hacemos, y somos, lo que los otros nos permiten”, enseñaba.
Entre sus numerosos premios figura el español Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades-2003, que le fue otorgado "por su independencia ante las presiones de toda índole que intentaron tergervisar su mensaje”, según consideró el jurado.
Ryszard Kapuscinski, el reportero que vino del frío, se fue de este mundo dejando una imborrable huella. Fue la voz de los sin voz. Autor de una obra universal inclasificable, para muchos fue un "enviado de Dios”, en palabras nada menos que del escritor John Le Carré.
“Estaba guiado por la compasión, por su amor hacia los pueblos abandonados, por un sentido de la solidariedad propio de su ética del periodismo. (…) Aficionado a la bebida, de vida un tanto disoluta, era también un descreído“, constató Manuel Leguineche, reportero de guerra español, que coincidió con Kapuscinski en diversos conflictos.
“Amo muy de veras ese mundo, el mundo de África, de América Latina, de Asia. Allí me siento bien”, proclamaba el maestro.
“Siempre he intentado crear un nuevo género literario; algo que no fuese el reportaje típico pero que al mismo tiempo tampoco fuese ficción. Lo llamé “texto”. En una librería de Nueva York encontré mis libros colocados en siete secciones diferentes. Y no me pareció mal. (…) Me alegró comprobar que no resulta fácil clasificar mi escritura; es exactamente lo que yo buscaba: hallar una nueva manera de escribir. Mis esfuerzos van dirigidos hacia una “ensayización” del reportaje. La mera descripción no basta en los tiempos que corren, nos ha sido arrebatada por la cámara” (…)
"Es curioso: muchos de mis libros están adaptados al teatro, pero yo nunca he podido desarrollar una pieza teatral, original. Soy un pobre reportero, que, desgraciadamente, carece de la imaginación de un escritor de ficción”, explicaba.
Un día le preguntaron si se sentía católico como la mayoría de sus compatriotas.
“Por supuesto que si. No hay por qué imitar el modelo tradicional norteamericano que sale en las películas”, confesó.
¿Así en la tierra como en el cielo?
“En la dictadura funciona la censura; en la democracia resulta más adecuada la manipulación. Y el blanco de esas agresiones siempre es el mismo: el hombre de la calle”, afirmaba.
“El periodista es un cazador furtivo en todas las ramas de las ciencias humanas”, dejó dicho y escrito.
¡Aleluya.... Viva Kapuscinski!
(EUROLATINNEWS)
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