» Portada
» Quienes
» Objetivos
» Contactos
» El faro del clima
» Archivos










 
 
 
 
 
 






Turismo:
PUERTO RICO : LA ISLA “PREFERIDA” DE CRISTÓBAL COLÓN

Por Enrique SANCHO y Paola SANDOVAL, enviados especiales


SAN JUAN, Puerto Rico (EUROLATINNEWS) - Cuando Cristóbal Colón llegó a Puerto Rico en 1493 expresó de puño y letra en su cuaderno de bitácora: "Todas las islas son muy hermosas... pero esta última parece superar a todas las otras en belleza".

Fue la Isla “preferida” de Colón.

Su particular hermosura y su posición estratégica en el Caribe han sido envidiadas a lo largo de los siglos, a pesar del escaso oro que tuvo.

Ni viejos lobos marinos como Sir Francis Drake o el Capitán John Hawkins y sus corsarios, ni las armadas británica, holandesa o francesa lograron doblegar esta isla a lo largo de la historia, muy a pesar de sus repetidos intentos.

Puerto Rico es más que el sempiterno Caribe de sol.

Es riqueza natural, atractivo rural, cultura e historia combinadas en un país cosmopolita y dinámico. Extensas playas de palmeras, abruptas cadenas montañosas, zonas semi-desérticas, tradiciones y ciudades coloniales, pueblos con encanto, naturaleza protegida, y por supuesto, lujosos hoteles.

Puerto Rico es considerada ‘la isla del encanto’ y ‘la más alegre del Caribe’, el paraíso del ron, del café y de los bailes hasta la madrugada. Tan sublime como los dioses protectores que vigilan sus playas, tan salvajes como sus bosques tropicales.

La visita a Puerto Rico suele, y debe, comenzar por el viejo San Juan, la parte más antigua de su capital. Los pasos resuenan de un modo especial sobre las brillantes calles de la ciudad.

Hay una explicación física: los adoquines que las forman son de mineral de hierro y eran usados como lastre en los galeones españoles. Por eso tienen una cautivadora tonalidad azulada, por eso son tan resbaladizos cuando la lluvia cae sobre ellos. Pero es mucho mejor la explicación sentimental: el ruido de lo pasos rebota en las paredes de las casas coloniales evocando los mismos sonidos que se han repetido en este lugar desde hace más de quinientos años.

En pocos lugares de América es posible disfrutar de la sensación de que el tiempo se ha detenido como en San Juan. Sólo algunas zonas del centro de La Habana, o la Plaza Mayor de Cuzco, en Perú, o tal vez algunos rincones de Cartagena de India, compiten con el Viejo San Juan en esas emociones.

Las dos fortalezas, San Cristóbal y El Morro, que defendieron la ciudad contra corsarios y piratas, parecen haberla preservado también del paso de los siglos.

Recorriendo las calles de San Juan, como la del Hospital o la de las Monjas, contemplando las fachadas de distintos tonos pastel que forman una rara armonía, disfrutando de los enrevesados trabajos en forja de algunas de sus rejas o apreciando sus balconcillos de madera, se sienten las mismas cosas que debieron experimentar los contemporáneos de Juan Ponce de León cuando fundaron la ciudad.

El casco antiguo es una verdadera joya de la arquitectura colonial.

Declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad, ha sido completamente restaurado y conserva buena parte de la arquitectura de los siglos XVI y XVII. Una de las más destacables muestras de estos restos es el castillo de El Morro, construido por los españoles para proteger el puerto de las invasiones piratas y que hoy constituye un espléndido mirador desde el que contemplar la ciudad y el mar.

Su gemelo, el Castillo de San Cristóbal, se construyó tras caer el casi inexpugnable Morro en manos británicas en el siglo XVI.

La Fortaleza, construida en 1540 para defender la ciudad de los frecuentes ataques de los indios caribes de otras islas, es hoy la residencia oficial del gobernador de Puerto Rico y el edificio más antiguo de uso público del Nuevo Mundo.

La más oriental y pequeña de las Grandes Antillas se puede recorrer con facilidad, y el viaje merece la pena. Con 177 kms. de longitud y 56,3 de ancho, es posible desayunar en Fajardo, encaminarse luego hacia el Este en una corta travesía en barco hacia encantadoras islas como Vieques y Culebra, y terminar el día con una suculenta cena con langosta en Rincón mientras el sol se sumerge en el agua azul intensa. No sin antes haber explorado la costa Sur, y habiéndose detenido a observar la fantástica estación de bomberos en Ponce o la encantadora capilla colonial en San Germán.

A lo largo de sus cientos de playas desparramadas en 414 kilómetros de costa, se puede practicar todo tipo de deportes acuáticos y gozar de sus limpias arenas y cálidas aguas. Entre las más populares están las de Luquillo y Vega Baja, en las cercanías de San Juan.

Pero si se quiere algo más exclusivo, nada como acercarse a la isla de Vieques, al este de Puerto Rico, donde están las bahías Bioluminisciente y Mosquito (menos visitada, aunque igual de fascinante), y se produce uno de los espectáculos más singulares del mundo.

Gracias a los microorganismos que habitan en sus aguas, tras la puesta de sol, las aguas se iluminan y brillan con una azulada fosforescencia más propia de relato de ciencia ficción que de una isla caribeña. Son los dinoflagelados que desprenden energía cuando se agitan. Basta con pasar la mano sobre el agua para que el mar se vuelva fluorescente, de un intenso azul eléctrico.

Por lo demás, la paz y tranquilidad que se respiran en este islote son perfectas para bucear entre sus coloridos arrecifes llenos de vistosos peces y criaturas marinas que de vez en cuando se cuelan por los orificios de los viejos galeones hundidos.

Isla de Culebra no tiene nada que envidiar a la anterior.

Es un verdadero paraíso para los amantes de los deportes marinos, sobre todo los subacuáticos gracias a sus arrecifes de coral, de los mejores del Caribe, donde además pueden verse varias especies de aves y tortugas marinas.

La sierra de Luquillo, muy cerca de la capital, alberga una de las maravillas naturales de Puerto Rico y de todo el Caribe, conocido como El Yunque. En ningún otro lugar de la isla podía habitar, según los taínos, el “Díos de la Felicidad”. Su exuberante vegetación, dominada por los helechos, que abrazan a pequeñas y espectaculares cascadas, alberga una amplia variedad biológica.

El parque puede recorrerse a través de los senderos que lo cruzan.

En el otro extremo de la isla se encuentra Ponce, la segunda ciudad en importancia recientemente restaurada, es un verdadero tesoro arquitectónico en el que se mezclan estilos y épocas. Su casco antiguo, del siglo XVII, es fuente de iglesias, casas coloniales, plazas y pintorescas fuentes. La catedral de Guadalupe proyecta su sombra sobre la Plaza de las Delicias, auténtico centro de esta ciudad de la costa sur que alberga el muy interesante Museo de Arte.

La pintoresca Villa de San Germán, al suroeste de la isla, conserva gran parte de la arquitectura y el encanto de las ciudades coloniales españolas. Resaltan especialmente las elegantes mansiones de la ciudad y la iglesia de Porta Coeli.

En cualquiera de estas ciudades, como ocurre en el Viejo San Juan, es posible encontrar calles como la de San Sebastián, en la capital, donde los pequeños locales de comidas se suceden en una amalgama de estilos que reflejan tanto la creatividad de sus dueños como las distintas influencias que convergen en la isla.

La gastronomía se caracteriza por el mestizaje; por la mezcla de costumbres y sabores. Está basada en el arroz, el pescado, los frijoles y los plátanos. Se han conservado las costumbres taínas de los primeros pobladores de estas tierras y la cocina puertorriqueña sigue recurriendo a productos como la yuca, el maíz o la batata.

La influencia de la cocina española, también llamada criolla, está muy patente. De ella proviene el extendido uso de ingredientes como la cebolla, el ajo o los garbanzos. La población africana también condicionó los hábitos alimenticios de la isla.

El resultado es una cocina con unas características muy particulares. Algunos de los platos más típicos son el mofongo (cocinado con carne, plátanos verdes fritos y ajo), los tostones de plátano frito, las arañitas (también hechos a base de plátano), las empanadillas de carne o marisco o el asopao (sopa hecha generalmente con pollo). Entre los postres más característicos se encuentran el tembleque (hecho de coco y leche), el arroz con dulce, el dulce de papaya y el flan.

Sin duda, Colón encontró muchos motivos para sentir tal adoración a esta isla, y es seguro que también será su ‘preferida’, no deje de visitarla.

(EUROLATINNEWS)

Copyright:
Este artículo y su contenido no puede ser utilizado sin el consentimiento de
EUROLATINNEWS
  Copyright © Euro Latin News --All Rights Reserved.