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¡Terremoto! :
PÁNICO, DESOLACIÓN Y MUERTE EN CHILE

Por Enrique GUZMÁN de ACEVEDO, Enviado Especial



SANTIAGO (EUROLATINNEWS) – Un inmenso pánico, más de 800 muertos y una profunda sensación de desolación provocó el violento terremoto que sacudió a Chile acompañado de un tsunami que devastó las costas del sur del país y el corazón mismo de la Isla Juan Fernández.

La tierra rugió como nunca antes lo había hecho en medio siglo, a lo largo y ancho del país, con una intensidad record de 8,8 grados, con epicentro en el mar, a 18 kms de la costas del sur.

Fueron cuatro interminables minutos de un infernal remezón, lapso en el que la mitad de los chilenos sintió la muerte en el alma.

El violento movimiento telúrico que despertó y dejó en jaque a la poblacion, se extendió con intensidad variable hasta el norte, afectando al 80% del territorio nacional, siendo catalogado por la propia Presidenta Michelle Bachelet como el quinto terremoto más importante de la historia del mundo.

El mar elevó sus amenazantes alas ingresando como un gigante ofendido al interior de humildes caletas de pescadores, pequeños puertos e incluso al corazón mismo de la Isla Juan Fernández (al frente de Valparaíso) y de ciudades más importantes como Talcahuano, donde la fuerza de la marea instaló un barco pesquero en el florido jardín de la Plaza de Armas que representa el vientre de la ciudad.

Tras 48 horas de temerosa vigilia, soportando estoicamente multiples réplicas, sin agua, sin alimentos ni electricidad, miles de pobladores –muchos delincuentes mezclados entre ellos- invadieron los comercios para protagonizar masivos pillajes y saqueos.

Llegó a tal extremo los niveles de peligrosidad –pues hubo hasta tiroteos con la policía frente a algunos supermercados- que el gobierno decretó el toque de queda (de las 21H00 hora locales hasta las 06H00) en la zona más afectada, con la presencia de 10.000 militares en las calles, esencialmente de Concepción (550 kms al sur de Santiago)

En Valparaíso (centro), los barcos presentes en la bahía se dirigieron hacia alta mar para evitar los efectos de algún maremoto, pero al ser descartadas las amenazas de tsunami volvieron a puerto, a pesar de las alertas de altas y esporádicas marejadas, que no provocaron mayores consecuencias en esta zona central del país.

En otras ciudades del sur de Chile, como Constitución, la marejada se apoderó del caudal del río que baña la zona y se permitió « invadir » la ciudad con olas de hasta 10 metros de alto, cosechando muerte y desolación.

Con la fuerza del sismo, el mar olvidó sus fronteras y avanzó amenazante también hacia el interior de Dichato, el principal balneario de la zona de Concepción, arrasando a su paso con todo lo que encontró en su « improvisado » y febril camino de unos 150 metros hacia el interior, para herir al pueblo y expulsarlo de sus viviendas antes de recogerse en su lecho.

Unas 300 viviendas quedaron allí aplastadas por el peso de su ira disfrazada de onduladas y gigantes olas, guidas por inocentes y blancas espumas. Un barco pesquero quedó curiosamente encalado a más de 400 metro de su caleta de abrigo.

Pero fue la misma gran ciudad de Concepción, una de las perlas sureñas de Chile, la más golpeada esta vez por los azotes de la implacable fuerza de la naturaleza.

Sus arterias principales parecían aplastadas por una extraña e inusitada guerra provocada por una invisible fuerza natural que hizo caso omiso a los clamores humanos que reclamaban respeto a su propio destino, de quienes exigían el derecho a no morir antes de tiempo.

Muchos expiraron cuando no era su hora.

Esas humildes almas se fueron de este mundo en medio de una despiadada desolación, con autos destrozados por la ira de la Madre Tierra, por inmuebles heridos de muerte, agonizantes, destartalados, golpeados por una invisible energía, derretidos como por obra de magia por una fuerza lúgubre venida de otra galaxia.

Las fuerzas de la naturaleza son sordas e implacables.

Si el epicentro marítimo estuvo cerca de las costas de Concepción con una intesidad de 8,8 grados, la primera de las más de 130 réplicas que sacudieron día y noche a la ciudad, tuvo una fuerza de 6,2 grados, similar a la potencia del terremoto que el mes pasado destrozó el cuerpo y alma de un ya paupérrimo Haití.

La amenazante llama del temor a la muerte se extendió al 80 por ciento del territorio nacional, según la presidenta Bachelet, quien en medio de los templores con voz serena llamó a la calma a los chilenos, subrayando que se trataba de la « mayor tragedia registrada en los últimos 50 años en Chile » y una de las « más grandes tragedias del mundo », que ha tenido « devastadoras consecuencias » humanas y materiales.

Oficialmente, el gobierno contabilizaba al menos 711 muertos dos días después del terremoto, pero reconociendo que la cifra seguramente aumentará porque aun hay muchos cadáveres bajo los escombros o que fueron arrebatados por el mar.

Las implacables y misteriosas fuerzas de la naturaleza han golpeado una vez más, y sin contemplaciones, a un Chile condenado a soportar tales tragedias debido a su ubicación geografica en la línea de fuego de las fallas marinas que cada año agitan a Japón, California, América Central y El Caribe.

Hace 50 años, con el gran terremoto de 1960 que tuvo su epicentro en Valdivia, también en las costas sureñas, Chile había sido remecido con casi similar intensidad, pero su última cita con las incontrolables fuerzas de la naturaleza data de « solo » hace 25 años, con el no menos desolador terremoto de 1985, aunque su azote fue de menor peligrosidad.

Chile se estremeció una vez más con una fuerza inusitada.

Pero, en este país la tierra se mueve cada día, aunque sean en su mayoría movimientos apenas perceptibles por sus habitantes.

La naturaleza tiene una incomparable magia, pero su magia incluye también aquélla invisible y lúgubre fuerza que periódicamente deja desolación y muerte en la Tierra.



(EUROLATINNEWS)

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