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Sociedad:
TERREMOTO DEJÓ AL DESCUBIERTO LA INMENSA BRECHA SOCIAL CHILENA
Por Humberto ZUMARÁN y Enrique GUZMÁN de ACEVEDO
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SANTIAGO de CHILE (EUROLATINNEWS) – El terremoto con tsunami que sacudió al territorio chileno terminó con la vida de medio millar de personas, dejó sin hogar a miles de familias y también mostró al mundo la imagen de un país muy alejado aún del pretendido “desarrollo”, donde la pobreza golpea como un látigo infernal, igual que a millones de otros latinoamericanos, coincidieron en subrayar varios analistas sociales.
Desde hacía mucho tiempo, el país se alistaba para celebrar “en grande” sus 200 años de vida independiente y escasamente hace dos meses había ingresado “orgullosamente” a la Organización Para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), algo así como el “Club dorado de los países Ricos del Mundo”.
Ser “socio” de la OCDE es privilegio de solo unas pocas naciones del hemisferio norte.
Ese Chile “agrandado”, mezclado con orgullo entre los “grandes” del mundo, llegó incluso a pretender públicamente que no necesitaba “ayuda internacional” tras la tragedia, pero escasas horas después estaba desesperadamente aclamando al mundo un urgente apoyo, ya sea en alimentos, medicinas o en una tecnología tan evidente como…teléfonos satélitales, aparatos que ni la Presidencia de Chile tenia para aplacar la emergencia y evitar muertes suplementarias con incrédulas alertas, falsas alertas o erróneas informaciones a nivel oficial.
Estados Unidos, en la persona de la Secretaria de Estado, tuvo la oportunidad de “lucirse” ante cámaras televisivas y flashes de fotógrafos del mundo con la entrega casi inmediata al Gobierno chileno, en el Aeropuerto de Santiago, de una partida de estos milagrosos teléfonos.
En el fondo, lo de la OCDE y los bullados éxitos internacionales de Chile se transformaron en simples laureles ganados por cuenta de las frías cifras macroeconómicas y financieras, donde estas marcas que exhiben los gobiernos y organizaciones mundiales poco o nada tiene que ver con la verdadera realidad que viven los pueblos.
Chile era entonces el “mejor alumno” latinoamericano…en cifras, el más cumplidor con los organismos internacionales, con Estados Unidos y con las exigencias empresariales de un territorio seguro para la inversión extranjeras.
Sin embargo, la tragedia del inolvidable 27 de febrero 2010, cuando la temporada de vacaciones veraniegas llegaban a su fin en Chile, dejó al desnudo la tremenda brecha social y económica que separan a los 16 millones de habitantes de esta larga y estrecha faja de tierra enclavada en el Pacífico Sur, un Océano que nada tiene de …pacífico.
Así, el terremoto y su dramática secuela mostraba al mundo que veinte años después de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-90) y los cuatro Gobiernos progresistas de la Concertación no lograron borrar completamente la postal de pobreza evidenciada tras la tragedia.
Es cierto, que los gobiernos concertacionistas de los presidentes demócrata-cristianos Patricio Aylwin y Eduardo Frei, así como el de los socialistas Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, lograron un importante bienestar social y económico que favoreció a los sectores más desprotegidos y Chile cambió como nunca lo hizo en cincuenta años.
Hubo preocupación por el ser humano, pero tal esfuerzo no fue suficiente, pues se hacen cada día más evidentes los dramas socio-económicos destapados por el terremoto.
No fue suficiente el mentado “progreso social” porque el poder económico privado mantuvo en “camisa de fuerza” toda forma de cambio estructural de la sociedad chilena.
Así lo había vivido antaño el extinto presidente socialista Salvador Allende, muerto el 11 de septiembre de 1973 defendiendo el Palacio Presidencial de la Moneda del asalto de los militares golpistas de Pinochet, que con fusiles y bombas ensangrentaron la democracia chilena.
Pero, después del terremoto del 27 de febrero 2010, nunca fue más evidente la brecha entre la minoría de los más ricos, casi el 10 % de la población, y la mayoría de los más pobres, un 80%, en un país al que durante muchos años lo “pintaron” como “el tigre de América Latina”.
El terremoto que marcó 8,7 grados Richter y el posterior tsunami, se encargaron de correr el velo de una verdad, siempre dicha medias en los altos círculos políticos financieros y sociales de Chile, asi como en las grandes tribunas internacionales, donde este país sigue siendo un “ejemplo”.
Las cifras dicen una cosa, pero la realidad humana dice otra.
Para confirmar la situación, algunas ciudades y pueblos fueron presa del asalto y el pillaje que la televisión y diarios, en competencia, se encargaron de mostrar al mundo, como una macha negra, fiel reflejo de esas desigualdades sociales.
Así, en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar y zonas rurales los habitantes de organizaron espontáneamente para defenderse de los saqueadores, una especie social no conocida antes en el país.
En Chile, “la desigualdad social es evidente y directamente tiene que ver con el modelo económico excluyente”, afirmó en esta línea la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
"Las escenas de saqueo revelan que este comportamiento escandaloso está basado en una división muy profunda de la sociedad, la división que genera la pobreza, que es una forma muy básica de violación de los derechos humanos", aseguró, por su parte, Amnistía Internacional (AI).
Para peor, las autoridades militares navales tras la tragedia quedarían en tela de juicio por no haber alertado a tiempo del peligro del tsunami que aplastó, pueblos costeros, sembrando la muerte y la destrucción.
Inevitablemente, la memoria histórica del terremoto del Bicentenario quedará asociada tanto a la destrucción provocada por la catástrofe y el maremoto, como a las imágenes de los saqueos del día siguiente, que reflejan una realidad social que muchas veces no queremos reconocer.
El “Chile ayuda a Chile” debe ser mucho más que una hermosa frase que nos entregó mucha fuerza a todos en un momento tremendamente difícil en la joven historia del país.
(EUROLATINNEWS)
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